Urna cineraria del "Maestro de Enómao", primer cuarto del s. II a.C., inv. 13887

Monumento con Adonis agonizante, segunda mitad del s. III a.C. , inv. 14147

Visita Virtual de la Sala X

Visita Virtual de la Sala XI

Desde el s. IV a.C., y durante toda la época helenística, se halla especialmente documentado en la Etruria septentrional interna, el rito de la incineración, con la consiguiente costumbre funeraria de depositar las cenizas de los difuntos dentro de urnas esculpidas en piedra o modeladas en terracota. En las principales ciudades etruscas de este vasto territorio (Volterra, Chiusi y Perusa) se produjo una gran cantidad de urnas cinerarias, con características artísticas y tipos peculiares. Los relieves que adornan la parte frontal de los ataúdes son el fruto de una elaboración autónoma del repertorio figurativo helénico. Mitos griegos y temas más específicamente etruscos coexisten, aunados por la adopción del mismo lenguaje figurativo, en una de las manifestaciones de la artesanía artística etrusca más características. Las urnas estaban esculpidas en la piedra natural del territorio: el alabastro en el caso de Volterra y Chiusi; el travertino para Perusa, aunque no faltan piedras de valor menor. Las superficies estaban originariamente caracterizadas por una policromía vivaz de la cual se conservan sólo pocos indicios. En la tapa de las urnas se representaba idealmente al difunto (o la difunta) semirrecostado en la posición clásica del convidado a un banquete, mientras que sobre el féretro estaban esculpidas escenas mitológicas, o bien, relacionadas con el mundo del más allá. En el Museo Gregoriano Etrusco se encuentran las principales producciones de urnas etruscas.