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Pecado Original y Expulsión del Paraíso terrenal
(Génesis 3,1-13; 22-24)

"La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: "¿Cómo es que Dios os ha dicho: "No comáis de ninguno de los árboles del jardín?". Respondió la mujer a la serpiente: "Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte". Replicó la serpiente a la mujer: "De ninguna manera moriréis.... seréis como dioses, conocedores del bien y del mal". Y como viese la mujer... tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido." (Génesis 3,1-6)...Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén...y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida". (Génesis 3,23-24)

Miguel Ángel representa simultáneamente el Pecado original (Génesis 3, 1-13) y la expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal (Génesis 3,22-24), dos momentos que en la narración bíblica se encuentran claramente divididos, mostrando juntos la causa y el efecto. Ambos episodios se hallan separados por el árbol del bien y del mal, en torno al que se enrolla la serpiente que tiende el fruto prohibido a Eva, quien desobedeciendo a la orden del Señor, lo agarra y se lo come, tras ofrecerlo también a su compañero. En otro lado del recuadro, los progenitores, expulsados por un ángel con la espada desenvainada, se alejan del Paraíso terrenal, adolorados y encorvados por el remordimiento del pecado cometido.