Apartamento Borgia

Apartamento Borgia

El español Rodrigo de Borja y Doms (italianizado Borgia), que fue elegido Papa a la muerte de Inocencio VIII y asumió el nombre de Alejandro VI, vincula su nombre a parte de la residencia utilizada durante su pontificado, que duró de 1492 a 1503 y estuvo marcado por acontecimientos altamente significativos como el descubrimiento de América y el gran jubileo de 1500.
El Apartamento Borgia comprende seis ambientes de relevancia monumental, que el propio Pontífice hizo reestructurar y decorar, y que hoy albergan parte de la Colección de Arte Religioso Moderno de los Museos Vaticanos inaugurada por Pablo VI (1973): la Salas de las Sibilas y la Sala del Credo en la Torre Borgia; las Salas de las Artes Liberales, de los Santos y de los Misterios, alineadas en el ala edificada por Nicolás V (1447-1455) y definidas “estancias secretas” en el Diario de Johannes Burckhard, maestro de ceremonias del Papa Alejandro; por último, la Sala de los Pontífices en el ala más antigua de Nicolás III (1277-1280). La residencia papal ocupaba todo el primer nivel del Palacio Apostólico, y comprendía también dos pequeñas estancias accesibles desde la Sala de las Artes Liberales, probablemente destinadas a cubiculum (dormitorio) y «stufetta» (baño), así como las hodiernas Salas de los Ornamentos, Galleriola (Pequeña Galería), Sala de la Falda y cubiculum de Nicolás V (no accesibles al público).
A la muerte de Alejandro VI, Julio II (1503-1513) abandonó el apartamento, pues no quería tener constantemente ante sus ojos la memoria de su odiado predecesor. Decidió trasladarse a los ambientes correspondientes de la planta superior, conocidos como las Estancias de Rafael, cuya decoración marcó la imparable fortuna de Sanzio. Puesto que los Papas siguieron cambiando de residencia, en el apartamento Borgia se alojaron algunos “cardenales sobrinos”, el más célebre de los cuales fue San Carlos Borromeo (sobrino de Pío IV), más tarde albergó la Pinacoteca de Pío VII (1816), después la biblioteca del cardenal Mai, y sólo a fines del s. XIX León XIII quiso abrirlo al público tras una restauración radical.
La decoración pictórica de las “estancias secretas”, es decir reservadas al uso privado del Pontífice, se encargó al pintor umbro Bernardino de Betto, más conocido con el apelativo de Pinturicchio o Pintoricchio (“pequeño pintor”, alusivo a su estatura física menuda), con el cual firma frecuentemente sus documentos. Después de sus exordios en el Vaticano, en el ámbito de la escuela de Perugino que estaba llevando a cabo sus obras en la Capilla Sixtina (1481-1483), muy pronto el artista logró destacar por su propia originalidad, triunfando en plena autonomía y cosechando amplios consensos a lo largo de nada menos que cinco pontificados: Sixto IV, Inocencio VIII (quien encargó la decoración del Palacio de Belvedere, del cual quedan algunas Vedute di Città y lunetos con amorcillos en la Galería de las Estatuas del Museo Pío Clementino), Alejandro VI, Pío III y Julio II. Pinturicchio, que se formó como hábil miniaturista, maduró después valiosas cualidades artísticas tanto en la pintura sobre tabla en la pintura como al fresco, tales por las que fue autorizadamente reconocido como uno de los máximos exponentes de la escuela umbra en las postrimerías del s. XV.
“En el palacio del Papa […] hizo pintar Alejandro VI todas las estancias, donde vivía y toda la torre Borgia […] y decoró todas las bóvedas con estucos y oro.”: a falta de un contrato o de citas en los libros de cuentas de Alejandro VI, la afirmación de Vasari puede comprobarse en una carta fechada el 29 de marzo de 1493, en la que el Pontífice informa a los habitantes de Orvieto de la interrupción de las obras de decoración del Duomo encargadas a Pinturicchio, justificada por el nuevo compromiso en el apartamento papal en el Vaticano.
El fastuoso complejo decorativo del Apartamento Borgia, inspirado quizá por el teólogo y maestro de palacio Annio da Viterbo, constituye el ápice de la brillante carrera del pintor umbro, que se impuso como protagonista absoluto del pontificado de Alejandro VI, quien después de la invasión de Carlos VIII le encomendó también un vasto ciclo de frescos en el Castillo Sant’Angelo (1497), que lamentablemente se perdió.
La grandiosa empresa fue llevada a cabo rápidamente entre el otoño de 1492 y los inicios de 1494, confirmando la celeridad celebrada como cualidad distintiva del pintor, en la cual contribuyeron, por un lado, la presencia de un equipo de artistas bien dirigidos, entre los cuales Piermatteo d’Amelia, Benedetto Bonfigli, Pietro d’Andrea, Antonio da Viterbo llamado Pastura —a quienes la crítica más reciente añade Bartolomeo de Giovanni y Raffaellino del Garbo— y, por otro lado, la adopción de factores técnicos específicos. De hecho, el pintor recurrió sólo parcialmente al fresco, alternándolo con una técnica especial de pintura mixta que han revelado restauraciones recientes, más rápida y similar a la pintura en seco sobre tabla, que permite el uso de una gama más amplia de pigmentos y lacas, que dan a las pinturas ese resplandor cromático que después se exalta al máximo en la intensa profusión de estucos y de mástiques de cera dorados.