El primer trabajo de restauración de obras sobre papel efectuado por los Museos Vaticanos concernía a las copias en facsímil de las pinturas de la Tumba François de Vulci, con ocasión de la homónima exposición “La tumba François de Vulci”, montada en 1987 en el Brazo de Carlomagno en el Vaticano.
Fue en 1994, sin embargo, después de contar durante una década con la colaboración de especialistas del sector, cuando los Museos Vaticanos decidieron dotarse de su propio laboratorio de restauración de obras sobre papel. Hasta entonces la pintura sobre papel se restauraba utilizando materiales y soluciones con vistas a la conservación propias de la restauración de la pintura de caballete. El papel pintado, en cambio, aunque comparte con la pintura sobre lienzo el uso del color, difiere de esta última de manera sustancial: el soporte de papel, por naturaleza, sufre —más que otros tipos de materiales— alteraciones y daños específicos. Las materias primas utilizadas en la fabricación del papel determinan sus características químico-físicas y las alteraciones.
Actualmente la coordinación y la responsabilidad de la estructura se han encomendado a Chiara Fornaciari da Passano, que cuenta con la colaboración de la restauradora Cristina de Medici Nardini.