Casina de Pío IV
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Casina de Pío IV
Las obras para la construcción de este edificio, inmerso en el verdor de los Jardines Vaticanos, comenzaron en 1558, en tiempos del papa Pablo IV Carafa (1555-1559), y concluyeron durante el pontificado de Pío IV Medici de Marignano (1559-1565). Pirro Ligorio (1512/13-1583), arquitecto y pintor de gran fama entonces, recibió el encargo de proyectar una villa con logia y vestíbulos en torno a un patio de planta oval. La finura del diseño arquitectónico, junto con las esculturas, los frescos y la primorosa decoración de estuco que enriquece la fachada, remite a la cultura figurativa antigua en una reelaboración renacentista de exquisito gusto antiguario. La estatua de la diosa Cibeles preside el centro de la pesquera, mientras que la pila —en otro tiempo poblada de peces— acoge hoy tortugas marinas, inmortalizadas también en los mosaicos del siglo XIX situados a los lados. Los interiores fueron pintados al fresco por artistas célebres tales como Federico Barocci (1535-1612), Santi di Tito (1536-1603) y los hermanos Taddeo (1529-1566) y Federico Zuccari (1539-1609).
Retirada y cuidada hasta el detalle, la Casina aspiraba a crear una atmósfera «a la antigua». Todo el conjunto fue concebido para evocar los lugares de recreo y retiro de la Roma clásica, como evidencian la estructura arquitectónica y el refinadísimo aparato decorativo. Con el tiempo —ya a finales del siglo XVI, bajo el pontificado de Pío V Ghislieri (1566-1572)— se desarrolló a su alrededor el maravilloso jardín atendido por Michele Mercati, sabio botánico de la época, y por el naturalista boloñés Ulisse Aldrovandi.

