Jardines Vaticanos

Jardines Vaticanos

Los Jardines Vaticanos se extienden sobre una superficie de aproximadamente veintidós hectáreas, equivalente a la mitad del territorio total de la Ciudad del Vaticano. Su origen se remonta al pontificado del culto papa Nicolás III (1277-1280), quien mandó crear un viridarium en el Mons Saccorum, en la zona septentrional del Estado. En este amplio jardín amurallado, que comprendía praderas y zonas boscosas, se cultivaron también viñedos y un fértil huerto de frutas y hortalizas. Además de la gran variedad de bellísimas plantas y hierbas medicinales, se alojaron numerosas especies animales —entre ellas ejemplares exóticos— que, junto con las cosechas, garantizaban un suministro constante para la mesa del Papa. El terreno boscoso y los prados poblados de animales ofrecían asimismo la posibilidad de organizar partidas de caza. A finales del siglo XV, el jardín se enriqueció con diversas intervenciones arquitectónicas, como el palacete de recreo del Belvedere, mandado construir por el papa Inocencio VIII Cybo (1484-1492), un lugar de descanso con amplias vistas sobre Roma; o el proyecto concebido por Donato Bramante (1444-1514) para el papa Julio II della Rovere (1503-1513) de un gran patio, también denominado «del Belvedere». Hacia 1565, el ingenioso arquitecto Pirro Ligorio (1512/13-1583) edificó para Pío IV Medici de Marignano (1559-1565) la Casina con logia que tomó el nombre de aquel pontífice, integrándola magistralmente en el espacio verde vaticano, no lejos del Palacio Apostólico. El área de los jardines se amplió aún más bajo el pontificado de su sucesor, Pío V Ghislieri (1566-1572), con la incorporación de plantas exóticas y raras reunidas por el botánico Michele Mercati y el erudito boloñés Ulisse Aldrovandi, quienes las unieron a los muchos ejemplares singulares que llegaban como obsequio al Papa desde todas partes del mundo. Mercati diseñó, además, magníficos parterres y coloridos setos organizados en elaborados dibujos geométricos, según la moda escenográfica de los jardines a la italiana de la época.

En los primeros años del siglo XVII, el papa Pablo V Borghese (1605-1621) se ocupó de plantar en los jardines una gran variedad de árboles, plantas y flores —a veces especies raras y buscadas en todo el mundo—, componiendo un variado catálogo botánico. Gracias a la oportuna restauración del acueducto de Trajano, se añadieron numerosas fuentes de formas escultóricas y escenográficas, que irrigaban toda la zona verde con alegres surtidores y juegos de agua.
Ya en aquel tiempo, el área verde del Vaticano se extendía también fuera de las Murallas Leoninas, donde los amplios campos cultivados y las zonas dedicadas al pastoreo de animales constituían una floreciente explotación agrícola capaz de producir para la venta.
A finales del siglo XVIII, las tropas napoleónicas saquearon gran parte de los Jardines Vaticanos, destruyendo amplias zonas de vegetación. Algunas décadas más tarde, el papa Gregorio XVI Cappellari (1831-1846) mostró un especial interés por los jardines, encargando numerosos proyectos y trabajos de restauración y embellecimiento, de los cuales escribió detalladamente el erudito Gaetano Moroni —dignatario pontificio y estrecho colaborador del Papa— en su monumental Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica (Diccionario de erudición histórico‑eclesiástica 1840-1861). A Gregorio XVI se debe también la reordenación de lo que había sido el jardín secreto del papa Farnese (1534-1549), con parterres y frondosos espalderos de cítricos. Durante el siglo XIX y más allá, siguiendo la moda romántica de los jardines a la inglesa, el trazado de los senderos que se cruzan en la zona boscosa se adornó con esculturas antiguas y modernas diseminadas entre las plantas y los árboles. Entre estas obras destaca la estatua marmórea de San Pedro encadenado, obra de la escultora florentina Maria Luisa Amalia Dupré (1842-1928), donada en 1887 por la Congregación de las Escuelas Pías del Orden de los Escolapios al papa León XIII Pecci (1878-1903). En el bosque se encuentra también el monumento en bronce San Alpino detiene a Atila, realizado por el francés Jean Ernest Boutellier (1851-1916) y donado al pontífice por las diócesis de Clermont y Châlons‑sur‑Marne en 1887‑1888.

Tras la firma del Concordato de 1929 entre el Estado italiano y la Santa Sede, se programaron amplias redefiniciones de la zona de los jardines, dada la necesidad de edificar las nuevas estructuras del Estado. El arquitecto Giuseppe Momo (1875-1940), en colaboración con el experto en botánica Giovanni Nicolini, proyectó los nuevos jardines que, a lo largo de un trabajo de cuatro años, asumieron la forma actual. En un equilibrio calculado entre tradición, modernidad y decoro estético, los Jardines Vaticanos siguen siendo hoy un espacio simbólicamente precioso en el corazón del Estado de la Ciudad del Vaticano.